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La forma en la que los lobos lideran sus manadas es digna de aprender por los humanos. Al contrario de lo que podríamos creer, el líder va de último. Aprende por qué

Cuando descubrí la manera que tienen los lobos de organizar sus manadas, quedé realmente asombrado. Tenemos todos la imagen del líder como aquel que va primero, aquel que va abriendo camino, el que es más rápido, más fuerte que los demás, más ágil. La punta de lanza es el líder. Sin embargo, el rol del líder dentro de la manada de los lobos se manifiesta de una manera distinta. El líder no es el que va primero. Ni siquiera están entre los primeros del grupo, sino que está al final. Es el último, el que cierra el desplazamiento de la manada. Adelante están los jóvenes fuertes, que van en grupos de tres o cuatro. Luego va el resto de la manada. Al final van siempre los heridos, los ancianos, los más débiles y cerrando, justamente protegiendo a los más débiles, está el líder de la manada.

Su rol es el de protector

El lobo está solo, el más fuerte, protegiendo a los más débiles. Qué interesante, ¿no? Cuando leí esto me llamó mucho la atención y me hizo reflexionar sobre mi idea de qué es ser un líder. ¿Cuál es la misión del líder? ¿Cómo se manifiesta su comportamiento? 

Hace unas semanas, estuve haciendo el viaje de aventuras, del programa Platinum Partnership de Tony Robbins y me encontré frente a una gran cantidad de actividades deportivas que tenían como objeto sacarnos de nuestra zona de confort, ponernos frente a nuestros miedos, disparar un poco de adrenalina y divertirse. Una semana de aventura, de excitación, de reto, junto al grupo entero de los Platinum, que está formado por gente extraordinaria, de mucho éxito y que quiere muchísimo más de la vida. Para tener acceso al programa, hay que hacer un desembolso importante que no está al alcance de todos. Pero no es solamente el dinero. El año como Platinum, es un año de retos, de viajes, de disponibilidad, de networking y de intercambio de ideas. 

Aquellos que me conocen saben que me encanta la aventura. Así que era el viaje que esperaba con más emoción. Una vez allí, organizaron una actividad de zip lining (tirolina). Bien emocionado, escuchaba la charla de explicación del guía. Me recuerdo impaciente y con ganas de demostrar lo valiente que soy, demostrar que no tenía ningún miedo. Quería ser el primero, quería lanzarme de cabeza, hacer piruetas, ir más rápido que todos los demás y, justo en ese momento, me acordé de la imagen del lobo líder… Me puse a mirar alrededor y me encontré con caras de distintos colores, algunos que, como yo, querían ser los primeros y demostrar lo valientes y ágiles que eran, otros que parecían dubitativos y, finalmente, algunos que tenían caras pálidas y miedo en los ojos. En algunos casos, casi terror. 

En ese momento, se despertó una pregunta en mí: Carlos, ¿eres realmente un líder? ¿Quién es más hombre o mujer? ¿El que va primero a mostrar su valía, sin preocuparse siquiera por todos aquellos que quedarán detrás, o más bien aquel que asume un rol de protector, se interesa por los otros y va más allá de su ego?

Tony Robbins habla de la masculinidad. El primer nivel es del hombre masculino inmaduro, que sólo piensa en sí mismo. Solo le interesa lo que va a recibir, lo que puede obtener, lo que puede ganar, su ego. Es el macho. Y luego está el nivel superior, el del hombre masculino maduro, que es el que utiliza su fuerza, su sabiduría, su energía para proteger a los suyos. Es el protector. 

La masculinidad madura es protección. Así que asumí este rol de líder y me quedé hasta el final. De hecho, fui el último que bajó por la tirolina. Y me sentí orgulloso de este comportamiento, porque pude acompañar a una persona que sufrió el trayecto realmente como una tortura. 

Un elemento de transformación

Era un trayecto de 9 tirolinas, cada una más larga y más rápida que la otra y, entre tirolina y tirolina, había que caminar entre 5 y 10 minutos. Para él cada momento de marcha era una tortura. El equipo de monitores que estuvo con nosotros tenía que ajustar sus arneses antes de cada tirolina, porque era una persona con sobrepeso y querían estar seguros de que no cediera, e intentaban que él pudiera estar en una postura relativamente cómoda por su morfología y su peso. Él no lograba quedar suspendido simplemente por el arnés, sino que se desequilibraba y tenía que estar constantemente sosteniendo su peso con sus brazos, lo que le suponía un esfuerzo fortísimo, más allá del estrés y el miedo de que el arnés pudiera ceder bajo su peso.

Llegaba al final de cada tirolina sin aliento, completamente exhausto y cada nueva tirolina era peor y peor. Estuve todo el trayecto hablando con él, dándole ánimos, acompañándolo, siendo paciente. En un momento nos alcanzó uno de los guías de Tony Robbins y me dijo -Carlos, ve, yo me quedo con él. Pero yo escogí quedarme. Le dije, tranquilo que no tengo prisa. Y me quedé acompañándolo. Estuvimos los tres, Michael, mi compañero sufriendo, el guía y yo, buscando palabras, sensaciones y energía para transmitirle.

Hubo un momento en el que finalmente quiso abandonar. No podía más. Estaba empapado por el sudor,  sin aliento e hiper ventilaba. Respiraba como si acabara de correr los 100 metros, simplemente sentado sin hacer nada. En un momento, le dije:

-Michael, parece extraño, a veces difícil de creer. Pero este sufrimiento, este esfuerzo, esta lucha que estás sosteniendo en este momento, el hecho de no abandonar y enfrentar esta situación tan incómoda y exigente para ti en este momento, es un elemento de transformación.

Cuando uno se enfrenta a los retos más grandes y es llevado más allá de sus límites, es cuando puede superarse dentro de sí y alcanzar un nuevo nivel. Tu ser crece, se desarrolla y pasa a una nueva etapa.

Como única respuesta, Michael me fulminó con su mirada. Aunque no pronunció palabra alguna, sus ojos me dijeron claramente: ¡vete de aquí, estúpido, que me estás viniendo con tu filosofía barata!

Con el corazón en la mano, mirándolo fijamente a los ojos, le respondí:  Puedes pensar que es filosofía barata, pero ¿sabes? Hace pocos años estaba enfrentándome a un cáncer en etapa 3. Cuando me enteré, estaba devastado y me tocó enfrentar un tratamiento médico incomodo y desagradable, pero necesario para poder superar la enfermedad. Tuve que sacar hasta el último miligramo de fuerza para poder salir adelante. Hoy, unos años después, ya sano, me doy cuenta de la persona en quien me transformé, como consecuencia de haber enfrentado ese reto. Me doy cuenta de la fuerza que tengo, el carácter, el espíritu, el alma, del hombre en el que me convertí. De la manera en la que pude destruir mis falsas creencias, mis limitaciones y transformarme en un ser superior a aquel que enfermó y que, creo yo, falleció de cáncer para dar vida a un hombre nuevo. 

Esta conversación salió de mí con una energía, con una emoción que me sorprendió a mí mismo. Michael no me dijo nada. No me respondió. Nos quedamos mirándonos a los ojos un instante. Finalmente se levantó para ir a buscar la siguiente tirolina y terminó el recorrido hasta el final, sufriendo cada vez más y más. Cuando llegó al suelo luego de la última tirolina, ni siquiera celebró. Simplemente respiró aliviado y se subió a la camioneta que nos llevó al campamento, donde nos esperaban unas bebidas frescas y fruta.

No volvimos a hablar. No hacía falta. Creo que una parte de él estaba enfadada conmigo y otra parte agradecida. Yo, tuve la certeza de que no hubiese podido haber disfrutado más de este recorrido de lo que lo hice. Me sentí que realmente había sido un LÍDER. 

Luego de leer esta historia, te pregunto, ¿cómo quieres liderar tu vida?

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